¿Cómo saber si tengo parálisis facial o derrame cerebral?
Giovana Femat Roldán 9 de octubre de 2024 Padecimientos

La parálisis facial se puede dividir clínicamente en central o periférica, la parálisis facial central (que afecta de la comisura bucal hacia abajo) se debe en la mayoría de las veces a un derrame cerebral, mientras que la parálisis facial periférica (que afecta a toda la hemicara) suele deberse a una respuesta inmunomediada tras una exposición viral.
¿Qué debe hacernos pensar que una parálisis facial es central?
La presencia de factores de riesgo de enfermedad vascular cerebral (cardiopatías, alteraciones de la coagulación, enfermedad vascular periférica) y la edad avanzada son factores predisponentes para una parálisis central. La parálisis facial periférica presenta afectación de todas las ramas del nervio. Por el contrario, la parálisis facial central afecta predominantemente a la musculatura de la mímica facial inferior, contralateral al lugar de instauración de la lesión.
No se suelen afectar los músculos frontales y orbiculares de los párpados, o si lo hacen presentan una afectación mínima. Pero existen casos excepcionales en los que la parálisis facial puede afectar a esos grupos musculares. En estos casos hay que tener en cuenta 2 factores: La parálisis de los músculos del entorno del ojo no suele tener la misma intensidad que la de los de la boca.
Es fundamental estudiar el resto de pares craneales, así como la función motora y sensitiva del resto del cuerpo, pues la parálisis facial central puede asociarse con frecuencia a alteraciones a estos niveles
¿Qué signos deben hacernos pensar que una parálisis facial no es una parálisis de Bell?
- Parálisis progresiva en lugar de brusca.
- Bilateral.
- Empeoramiento a partir de la tercera semana o tras una mejoría inicial.
- Ausencia de recuperación en 4 meses.
- Parálisis recurrente en el mismo lado de la cara
- Debilidad asimétrica en las distintas zonas de la cara o combinación de signos de flacidez y espasmo en el mismo paciente.
En estos casos está indicada la realización de pruebas de imagen para descartar enfermedad tumoral del nervio facial. Si el paciente presenta dolor facial persistente en el contexto de una parálisis facial establecida, es importante descartar malignidad, especialmente en pacientes con antecedentes oncológicos. En estos casos debe valorarse la biopsia del nervio facial si las pruebas de imagen son negativa

¿Qué es una parálisis facial periférica?
La parálisis facial es una disminución o ausencia completa de movimiento en algunos o en todos los músculos de la cara, que aparece por afectación del VII par craneal. Habitualmente, aparece en un lado de la cara, pero puede ser bilateral. Una parálisis facial periférica es aquella neuropatía que cursa con denervación del tronco del nervio facial en un trayecto comprendido entre su salida del tronco cerebral y sus ramas terminales en la cara. La parálisis facial periférica completa determina un cuadro clínico muy característico.
En reposo, el surco nasogeniano del lado afectado está borrado y la boca se desvía hacia el lado sano. Existe dificultad para cerrar el ojo del lado paralizado; al intentar cerrarlo, el globo ocular puede desviarse hacia arriba y ligeramente hacia dentro (signo de Bell). El párpado inferior cae y se puede evertir (lagoftalmos), por lo cual la hendidura palpebral resulta más ancha. La afectación motora puede acompañarse de alteraciones de la secreción lagrimal y salival, y de la sensibilidad gustativa. El término parálisis debería utilizarse para la afectación completa y paresia para la afectación parcial.
¿Cuáles son las causas más frecuentes de parálisis facial?
La parálisis facial idiopática o de Bell es la forma más frecuente de parálisis facial periférica. Con una incidencia anual de 20-30 casos/100.000 habitantes, supone el 60-75% de las parálisis faciales unilaterales. Tras la parálisis de Bell, las causas más frecuentes son las secuelas del tratamiento del neurinoma del VIII par, el cáncer de cabeza y cuello, la iatrogenia, el zóster ótico y los traumatismos
¿Cómo se diagnostica la parálisis facial?
El diagnóstico de parálisis facial central o periférica es principalmente clínico, mediante la historia clínica y la exploración física realizada en la consulta por el médico neurólogo que en ocasiones pudiera solicitar distintos estudios de imagen, laboratorio o neurofisiológicos como la resonancia magnética, o las velocidades de conducción nerviosa y electromiografía (VCN y EMG) para determinar el grado de denervación del séptimo par craneal
¿Cuál es el tratamiento para la parálisis facial?
El tratamiento es individualizado por cada caso, primero determinar si es una parálisis central o periférica y la causa, tratar los factores de riesgo y la rehabilitación facial para prevenir las secuelas como las sincinesias.
Terapia para parálisis facial
La terapia para la parálisis facial es un enfoque integral diseñado para abordar las dificultades físicas y emocionales asociadas con la pérdida de control muscular en la cara. Esta condición, también conocida como parálisis de Bell, puede deberse a diversas causas, como infecciones virales, trauma o problemas neurológicos.
- Primera Fase:
Para iniciar con la terapia, el paciente debe colocarse en una posición cómoda, mientras el fisioterapeuta prepara el equipo con el que se aplicará la primera fase de la terapia.
Posteriormente se coloca uno de los electrodos del equipo en la mano del paciente, y el otro en una zona del cuerpo del fisioterapeuta, quien con sus manos empieza a realizar movimientos ascendentes sobre el área del rostro afectado, yendo del centro hacia afuera.
- Segunda Fase
Una vez concluida la primera fase, se retiran ambos electrodos y se inicia con el masaje facial sobre la zona afectada de la cara, realizando pequeños golpeteos con la yema de los dedos para estimular la musculatura, aumentando su tono y favoreciendo el aporte sanguíneo.
- Tercera Fase
Finalmente, pasamos a la reeducación muscular, la cual se realiza frente a un espejo para que el paciente aprecie la simetría de los ejercicios de manera asistida sobre puntos específicos de cada músculo, siempre cuidando no fatigar la musculatura.
