Parálisis facial periférica: cómo identificarla
Giovana Femat Roldán 24 de junio de 2025 Padecimientos

La parálisis facial periférica es una condición neurológica que se manifiesta como una pérdida de movimiento en la cara debido a la disfunción del nervio facial (séptimo par craneal). Esta alteración provoca una asimetría facial evidente, ya que los músculos de un lado de la cara no responden adecuadamente.
¿Qué es la parálisis facial periférica?
La parálisis facial periférica ocurre cuando existe una lesión o disfunción en el trayecto del nervio facial después de que sale del tronco encefálico. Este nervio controla los músculos responsables de los movimientos faciales, como cerrar los ojos, sonreír, fruncir el ceño y mover los labios. Cuando se ve afectado, se pierde parcial o totalmente la movilidad facial de un lado del rostro, generando una parálisis facial unilateral. Esto se distingue de la parálisis facial central, que suele preservar la movilidad de la frente.
Síntomas de la parálisis facial periférica
Los síntomas de parálisis facial suelen ser súbitos y afectan un solo lado de la cara. Los más comunes incluyen:
- Imposibilidad para cerrar el ojo del lado afectado.
- Boca desviada hacia el lado opuesto.
- Pérdida de expresividad facial.
- Dificultad para sonreír, silbar o fruncir los labios.
- Incapacidad para levantar la ceja o arrugar la frente del lado paralizado.
- Salivación excesiva o escape de líquidos por la boca.
- Lagrimeo excesivo o sequedad ocular.
- En algunos casos, dolor retroauricular (detrás de la oreja), pérdida del gusto en los dos tercios anteriores de la lengua, o hiperacusia (percepción aumentada del sonido).
La aparición súbita de estos síntomas es una señal de alerta. Identificar estos signos y buscar ayuda médica inmediata es fundamental para un adecuado abordaje.
Causas de la parálisis facial periférica
Las causas de la parálisis facial periférica son diversas. La más común es la parálisis de Bell, un trastorno idiopático (de causa desconocida) que representa aproximadamente el 70% de los casos. Se cree que está relacionada con procesos inflamatorios o virales que afectan el nervio facial, especialmente por virus como el herpes simple.
Otras causas incluyen:
- Infecciones virales (herpes zóster, VIH, mononucleosis).
- Traumatismos craneales.
- Tumores que comprimen el nervio facial (como schwannomas o meningiomas).
- Cirugías de oído o maxilofaciales.
- Trastornos neuromusculares como el síndrome de Guillain-Barré.
- Accidentes cerebrovasculares (aunque suelen producir parálisis facial central, pueden coexistir con formas periféricas).
- Otitis media o mastoiditis con extensión hacia el nervio.
Es importante recordar que la parálisis facial periférica no siempre es benigna, por lo que requiere una evaluación neurológica completa para descartar causas graves.

Importancia del diagnóstico neurológico
El diagnóstico neurológico temprano es esencial para establecer la causa y orientar el tratamiento. Esto incluye una exploración física detallada, evaluación de reflejos, pruebas de fuerza facial y estudios de imagen como resonancia magnética en casos donde se sospechan lesiones estructurales. La detección oportuna permite iniciar tratamiento temprano, lo que mejora significativamente el resultado funcional.
Un error común es asumir que toda parálisis facial es una parálisis de Bell, pero descartar causas graves como tumores o infecciones es crucial.
Tratamiento temprano: clave para una buena recuperación
En la parálisis de Bell, el tratamiento debe iniciarse idealmente dentro de las primeras 72 horas. Consiste en:
- Corticoides orales (como prednisona) para reducir la inflamación del nervio.
- En algunos casos, antivirales (como aciclovir o valaciclovir) si se sospecha origen viral.
- Cuidado ocular: dado que el ojo no cierra completamente, se indica el uso de lágrimas artificiales, pomadas lubricantes y oclusión nocturna para prevenir ulceraciones en la córnea.
El tratamiento temprano mejora el pronóstico de recuperación en la mayoría de los casos, especialmente si se inicia en los primeros días.
El papel de la rehabilitación facial
A pesar del tratamiento médico, muchos pacientes experimentan residuos de debilidad o movimientos anormales. Aquí es donde la rehabilitación facial y la neurorehabilitación especializada juegan un papel fundamental. Esta etapa incluye:
- Fisioterapia neurológica, diseñada para recuperar el control y la fuerza de los músculos faciales.
- Ejercicios específicos de movilidad facial, realizados bajo supervisión.
- Electroestimulación de los músculos para prevenir atrofia.
- Educación sobre movimientos compensatorios y técnicas para evitar la formación de sinquinesias (movimientos involuntarios asociados).
Además, el acompañamiento psicológico puede ser necesario, ya que la asimetría facial impacta en la autoestima y calidad de vida del paciente.
Recuperación
El pronóstico de recuperación depende del origen, la severidad del daño y el tiempo en que se inicie el tratamiento. En la parálisis de Bell, entre el 70 y el 85% de los pacientes recuperan completamente la función facial en semanas o pocos meses. No obstante, aquellos con parálisis severa, diagnóstico tardío o sin tratamiento adecuado pueden presentar secuelas permanentes.
Las formas de parálisis causadas por tumores, traumatismos o enfermedades autoinmunes requieren tratamientos especializados y seguimiento prolongado.
¿Por qué es una urgencia neurológica?
Muchas personas subestiman la parálisis facial periférica, creyendo que se resolverá sola. Sin embargo, su aparición súbita puede ser el primer signo de una enfermedad sistémica grave o de un evento neurológico mayor. Por eso, se considera una urgencia neurológica, y retrasar la atención médica puede empeorar el pronóstico.
Evaluación neurológica y seguimiento
Todo paciente con parálisis facial debe recibir una evaluación neurológica completa y seguimiento por especialistas en neurología o neurorehabilitación. En casos persistentes o con sospecha de causas secundarias, se pueden solicitar:
- Electromiografía (EMG) para evaluar la conducción nerviosa.
- Estudios de imagen cerebral o del trayecto del nervio facial.
- Estudios serológicos o pruebas específicas si se sospechan infecciones o enfermedades autoinmunes.
El objetivo es personalizar el tratamiento, vigilar la evolución, prevenir secuelas y restaurar la movilidad facial de forma funcional y estética.
