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Plejia y parálisis facial: Entendiendo su relación y tratamiento

Giovana Femat Roldán 25 de marzo de 2025 Padecimientos

Plejia y parálisis facial: Entendiendo su relación y tratamiento

La parálisis facial (PF) consiste en la incapacidad parcial o total de realizar movimientos musculares voluntarios en un lado de la cara. Se produce por una alteración en el nervio facial, que no transmite las órdenes nerviosas a la musculatura facial afectada. También es conocida como “Plejia facial”, que indica una parálisis total del músculo facial. 

Hay dos nervios faciales; uno a cada lado de la cara. El nervio facial sale de la base del cráneo, atraviesa el oído medio y la glándula parótida, donde se divide en sus cinco ramas, (temporal, cigomática, bucal, mandibular y cervical). Estas ramas permiten la función motora de los diferentes músculos faciales.

La parálisis facial puede ser central (PFC) o periférica (PFP). La primera se produce por una afectación del sistema nervioso central y suele aparecer en pacientes con factores de riesgo cardiovasculares o edad avanzada. Provocará dificultades del movimiento solo a la mitad inferior de la cara (sin alterar la movilidad del ojo ni la ceja) por afectación del núcleo facial inferior del sistema nervioso central en el lado contrario de la lesión, quedando respetados o con una mínima afectación los músculos frontales y orbiculares de los párpados. 

Mientras que la parálisis facial periférica, más conocida como parálisis de Bell, altera el movimiento de los músculos faciales en toda la hemicara, constituyendo un cuadro clínico característico en el que se produce un borramiento del surco nasolabial del lado patológico, una desviación de la comisura labial hacia el lado sano, una alteración en el cierre del ojo del lado afectado y una caída del párpado inferior.

¿Cuáles son las causas más frecuentes de la parálisis facial?

La parálisis facial idiopática o de Bell es la forma más frecuente de parálisis facial periférica. Con una incidencia anual de 20-30 casos/100.000 habitantes, supone el 60-75% de las parálisis faciales unilaterales.

  • Víricas: Herpes simple, herpes zóster, CMV, VEB, VIH, Hepatitis
  • Bacterianas: enfermedad de Lyme, Encefalitis/meningitis, sífilis.
  • Latrogénicas: Cirugía del ángulo pontocerebeloso, oído y parótida 
  • Traumáticas: Fracturas del hueso temporal, Trauma obstétrico, Herida facial 

¿Cómo diagnosticamos la parálisis facial?

El diagnóstico comienza por la exploración física y comienza por la inspección del lado afectado, que va a indicar el grado de PF, fijándose en la movilidad de la musculatura asociada a cada rama del nervio facial. Además, permite valorar el nivel de cierre ocular y si existe signo de Bell.

Siguiendo con la exploración física, se debe incluir la palpación parotídea bilateral y una otoscopia que indique si existen vesículas en el pabellón auricular o en el conducto auditivo externo si hay patología en el oído medio. Si en la otoscopia aparecen vesículas, se considerará el caso como un síndrome de Ramsay-Hunt, causado por el virus herpes zoster. Si en la otoscopia existe una patología del oído medio, se ingresará al paciente y se ampliará el estudio para conocer la causa y aplicar el tratamiento correspondiente. Si la otoscopia es normal y la evolución es compatible, se considerará una parálisis de Bell.

En algunos casos de parálisis facial se deben realizar pruebas complementarias, como electroneurografía, electromiografía o estudios radiológicos. Estas pruebas permiten valorar la gravedad de la lesión, el pronóstico de recuperación, y descartar la presencia de tumores o lesiones en el trayecto del nervio.

Tratamiento en la parálisis facial

El tratamiento inicial de la parálisis facial dependerá de la causa que la origine. El más común es pautar corticoides lo antes posible, idealmente dentro de las primeras 72 horas, ya que reducen la inflamación en torno al nervio facial y evitan su mal funcionamiento, del mismo modo que también ayudan a disminuir la intensidad del dolor. 

En otros casos, como lesiones por cirugía o tumores, puede ser necesario el tratamiento quirúrgico. El objetivo de la cirugía es la reanimación de la función facial consiguiendo simetría en reposo y en movimiento, con una expresión facial lo más natural posible. Las tres técnicas quirúrgicas más utilizadas son: reconstrucción directa, técnicas de reinervación e injertos microvascularizados.            

Fisioterapia

La fisioterapia desempeña un papel crucial en el manejo de la parálisis facial. Los objetivos del tratamiento fisioterapéutico incluyen restaurar la función muscular y mejorar la calidad de vida del paciente. A continuación, se detallan algunas de las intervenciones fisioterapéuticas comunes:

  • Ejercicios de rehabilitación facial:

Estos ejercicios se centran en fortalecer los músculos faciales afectados y mejorar su control motor. Los ejercicios pueden incluir movimientos como fruncir el ceño, sonreír ampliamente y levantar las cejas.

  • Estimulación eléctrica:

La estimulación eléctrica puede ayudar a reactivar los músculos faciales debilitados. Este tratamiento implica la aplicación de corriente eléctrica controlada a través de electrodos colocados en la piel.