¿Qué puede causar una parálisis facial?
Giovana Femat Roldán 15 de abril de 2025 Padecimientos

La parálisis facial es un trastorno neurológico que puede aparecer de manera repentina y generar un profundo impacto emocional en quien la experimenta. La asimetría del rostro, la dificultad para cerrar un ojo o sonreír, y la pérdida de control de los músculos faciales son síntomas que pueden generar angustia e incertidumbre. Aunque muchas personas asocian este problema con la parálisis de Bell, es fundamental comprender que existen múltiples causas que pueden afectar al nervio facial (nervio craneal VII) y provocar una parálisis facial. Entenderlas permite ofrecer un diagnóstico certero, diseñar un tratamiento adecuado y mejorar el pronóstico funcional.
¿Qué es la parálisis facial?
La parálisis facial se refiere a la pérdida parcial o completa del movimiento voluntario de los músculos de la cara debido a un daño o disfunción del nervio facial. Este nervio es responsable del movimiento de la expresión facial, pero también participa en funciones como el parpadeo, el gusto en los dos tercios anteriores de la lengua y la producción de lágrimas y saliva.
Existen dos grandes tipos de parálisis facial:
- Parálisis facial periférica, cuando el daño se localiza en el nervio facial después de su salida del tronco cerebral.
- Parálisis facial central, cuando el daño se produce en el cerebro, particularmente en la corteza motora o en las vías que descienden desde ella.
Más allá de la parálisis de Bell: otras causas de parálisis facial
La parálisis de Bell es la forma más frecuente de parálisis facial periférica y suele tener un origen idiopático (sin causa aparente), aunque se ha relacionado con infecciones virales, especialmente por el virus del herpes simple tipo 1. Sin embargo, no todas las parálisis faciales obedecen a este diagnóstico. A continuación, se describen otras causas que deben ser consideradas por el especialista.
1. Infecciones virales o bacterianas
- Herpes zóster oticus (síndrome de Ramsay Hunt): se produce cuando el virus de la varicela zóster afecta el ganglio geniculado del nervio facial. Se acompaña de dolor en el oído, vesículas en el conducto auditivo y pérdida auditiva.
- Otitis media: una infección del oído medio puede provocar inflamación cercana al trayecto del nervio facial.
- Enfermedad de Lyme: causada por la bacteria Borrelia burgdorferi, transmitida por garrapatas. En fases tempranas puede provocar parálisis facial, a veces bilateral.
2. Traumatismos
El traumatismo craneofacial puede dañar directamente el nervio facial, sobre todo si existe una fractura del hueso temporal. También puede verse afectado durante cirugías de oído o parotidectomías si no se protege adecuadamente.
3. Tumores
- Neurinoma del acústico (schwannoma vestibular): aunque afecta principalmente al nervio vestibular, por contigüidad puede comprometer el nervio facial.
- Tumores parotídeos: debido a que el nervio facial se ramifica dentro de la glándula parótida, cualquier crecimiento anormal en esta zona puede comprimirlo o infiltrarlo.
- Tumores del tronco encefálico: como los gliomas o metastásicos, que comprometen el origen del nervio facial.
4. Enfermedades autoinmunes e inflamatorias
- Síndrome de Guillain-Barré: una variante llamada síndrome de Miller Fisher puede incluir parálisis facial bilateral.
- Sarcoidosis: en el contexto del síndrome de Heerfordt, puede presentarse con parálisis facial, fiebre, uveítis y agrandamiento de la parótida.
- Esclerosis múltiple: en casos menos frecuentes puede provocar parálisis facial central, que usualmente se acompaña de otros síntomas neurológicos.
5. Accidente cerebrovascular (ACV)
El infarto cerebral, especialmente en la corteza motora inferior o en el tronco cerebral, puede generar una parálisis facial central, que se distingue por preservar el movimiento del tercio superior de la cara (por ejemplo, el parpadeo), a diferencia de la parálisis periférica que afecta toda la hemicara.
6. Causas congénitas
Algunas personas nacen con alteraciones del desarrollo del nervio facial o de los núcleos faciales. Un ejemplo es el síndrome de Moebius, que puede incluir parálisis facial bilateral y estrabismo debido a afectación del nervio abducens.
7. Idiopáticas o funcionales
Cuando no se identifica una causa estructural, infecciosa ni inflamatoria, algunos casos pueden clasificarse como idiopáticos. También existen formas de parálisis facial funcional o psicógena, en las que la disfunción facial ocurre sin un daño físico del nervio, sino por una alteración en la integración emocional o motora.

¿Cuándo acudir al neurólogo?
Ante cualquier signo de parálisis facial, es fundamental buscar atención médica de manera inmediata. Un neurólogo especialista en parálisis facial puede identificar la causa subyacente y proponer el tratamiento más adecuado, que puede incluir:
- Corticoesteroides (en parálisis de Bell u otras inflamatorias).
- Antivirales (en casos virales como herpes zóster).
- Rehabilitación facial intensiva.
- Intervenciones quirúrgicas (en tumores o traumatismos).
- Terapia psicológica o neuropsicológica (en casos funcionales).
Terapia para parálisis facial
La terapia para la parálisis facial es un enfoque integral diseñado para abordar las dificultades físicas y emocionales asociadas con la pérdida de control muscular en la cara. Esta condición, también conocida como parálisis de Bell, puede deberse a diversas causas, como infecciones virales, trauma o problemas neurológicos.
- Primera Fase:
Para iniciar con la terapia, el paciente debe colocarse en una posición cómoda, mientras el fisioterapeuta prepara el equipo con el que se aplicará la primera fase de la terapia.
Posteriormente se coloca uno de los electrodos del equipo en la mano del paciente, y el otro en una zona del cuerpo del fisioterapeuta, quien con sus manos empieza a realizar movimientos ascendentes sobre el área del rostro afectado, yendo del centro hacia afuera.
- Segunda Fase
Una vez concluida la primera fase, se retiran ambos electrodos y se inicia con el masaje facial sobre la zona afectada de la cara, realizando pequeños golpeteos con la yema de los dedos para estimular la musculatura, aumentando su tono y favoreciendo el aporte sanguíneo.
- Tercera Fase
Finalmente, pasamos a la reeducación muscular, la cual se realiza frente a un espejo para que el paciente aprecie la simetría de los ejercicios de manera asistida sobre puntos específicos de cada músculo, siempre cuidando no fatigar la musculatura.
Conclusión
La parálisis facial es un síntoma, no un diagnóstico en sí mismo. Atribuirla de forma automática a una parálisis de Bell puede retrasar tratamientos cruciales si se trata de un tumor, un infarto cerebral o una infección. Por ello, un enfoque integral y especializado permite abordar cada caso con precisión y empatía. Porque detrás de cada rostro que deja de sonreír, hay una historia que merece atención y recuperación.
