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Relación entre infecciones virales y parálisis facial

Giovana Femat Roldán 4 de febrero de 2025 Padecimientos

Relación entre infecciones virales y parálisis facial

La parálisis de Bell (un tipo de parálisis del nervio facial) es una debilidad o una parálisis repentina de los músculos de un lado de la cara debida a una disfunción del séptimo nervio craneal (nervio facial). Este nervio mueve los músculos faciales, estimula las glándulas salivales y lagrimales, capacita a los dos tercios anteriores de la lengua para detectar sabores y controla un músculo que participa en la audición.      

La causa de la parálisis de Bell puede ser una infección vírica o un trastorno inmunitario que causa la tumefacción del nervio facial o bien la causa puede ser desconocida.

Las pruebas sugieren que las causas frecuentes de la parálisis de Bell son:

  • Infección por el virus del herpes simple tipo 1 (que causa infecciones de la boca, como el herpes labial)
  • Herpes zóster (culebrilla)

Otros virus, como el virus Coxsackie, el citomegalovirus y los virus que causan la COVID-19, las paperas, la rubéola, la mononucleosis o la gripe o las vacunas para estos virus también pueden causar parálisis de Bell. 

La infección hace que el nervio se inflame y en este caso, queda presionado (comprimido) por los estrechos conductos del cráneo que atraviesa.  Otros trastornos pueden causar otros tipos de parálisis del nervio facial. La enfermedad de Lyme puede provocar esta parálisis que, a diferencia de la parálisis de Bell, puede afectar a ambos lados de la cara.

Características clínicas de una parálisis facial

En la parálisis de Bell, el dolor detrás de la oreja puede ser el primer síntoma. Los músculos faciales se debilitan de repente, por lo general en cuestión de horas. La intensidad de la afección varía desde una leve debilidad hasta la parálisis total. En un periodo de 48 a 72 horas, la debilidad alcanza su intensidad máxima. Solo se afecta uno de los lados de la cara. 

En las parálisis del nervio facial, la cara se vuelve plana e inexpresiva. Sin embargo, cuando está afectado solo uno de los lados de la cara, las personas sienten con frecuencia como si la cara se les retorciera porque los músculos del lado no afectado tienden a tirar de la cara hacia ese lado cada vez que se gesticula.   

La producción de saliva y lágrimas puede verse afectada. Las personas pueden tener los ojos y la boca secos, o pueden babear. Dado que se produce menor cantidad de lágrimas y se parpadea con menor frecuencia (el movimiento de parpadeo contribuye a humedecer la superficie del ojo), el ojo se seca, lo que acaba produciendo dolor y lesiones oculares. Estas lesiones suelen ser de carácter leve, pero en algunos casos pueden revestir mayor gravedad, si no se humedece el ojo y se protege de alguna otra forma.

Las personas con este tipo de parálisis también pierden el sentido del gusto en la parte anterior de la lengua en el lado afectado. El oído del lado afectado percibe sonidos anormalmente fuertes (un fenómeno que se define como hiperacusia) porque el músculo que tensa la membrana del tímpano está paralizado. Este músculo se encuentra en el oído medio.

¿Cómo podemos diagnosticar la parálisis de Bell?

Por regla general, la parálisis del nervio facial se puede diagnosticar y distinguir de otros trastornos basándose en los síntomas. Los médicos normalmente son capaces de distinguir la parálisis de Bell de otros trastornos menos frecuentes que causan la parálisis del nervio facial (como tumores, enfermedad de Lyme, otras infecciones, sarcoidosis, diabetes y fracturas en el cráneo).

Estos otros trastornos típicamente causan diferentes síntomas, y en muchos de ellos, los síntomas se desarrollan más lentamente. Por lo tanto, si el médico no está seguro de que la parálisis de Bell sea la causa o si los síntomas se desarrollaron gradualmente, se realizan pruebas complementarias. Estas pruebas pueden incluir:

  • Electromiografía (EMG) para revisar la salud de los músculos faciales y nervios que controlan los músculos
  • Prueba de la conducción nerviosa para revisar la rapidez con la que los impulsos eléctricos viajan a través de un nervio
  • Análisis de sangre
  • Radiografías
  • Resonancia magnética nuclear (RMN) o tomografía computarizada (TC) del cerebro

Abordaje terapéutico

Con frecuencia, no se necesita ningún tratamiento. Los síntomas a menudo empiezan a mejorar inmediatamente. Sin embargo, pueden pasar semanas o incluso meses para que los músculos se fortalezcan.

El especialista puede administrar gotas para lubricar los ojos o ungüentos oculares para mantener la superficie del ojo húmeda en caso de que no pueda cerrarlo completamente. Tal vez necesite usar un parche para el ojo mientras duerme.

Con frecuencia, los medicamentos se pueden utilizar para mejorar las oportunidades de recuperación, pero se deben iniciar inmediatamente:

  • Los corticoesteroides pueden reducir la hinchazón alrededor del nervio facial
  • Medicamentos como el valaciclovir para combatir el virus que puede estar causando la parálisis de Bell

Terapia para parálisis facial

La terapia para la parálisis facial es un enfoque integral diseñado para abordar las dificultades físicas y emocionales asociadas con la pérdida de control muscular en la cara. Esta condición, también conocida como parálisis de Bell, puede deberse a diversas causas, como infecciones virales, trauma o problemas neurológicos.

Abordaje de Neurocenter

  • Primera Fase:

Para iniciar con la terapia, el paciente debe colocarse en una posición cómoda, mientras el fisioterapeuta prepara el equipo con el que se aplicará la primera fase de la terapia.

Posteriormente se coloca uno de los electrodos del equipo en la mano del paciente, y el otro en una zona del cuerpo del fisioterapeuta, quien con sus manos empieza a realizar movimientos ascendentes sobre el área del rostro afectado, yendo del centro hacia afuera.

  • Segunda Fase

Una vez concluida la primera fase, se retiran ambos electrodos y se inicia con el masaje facial sobre la zona afectada de la cara, realizando pequeños golpeteos con la yema de los dedos para estimular la musculatura, aumentando su tono y favoreciendo el aporte sanguíneo.

  • Tercera Fase

Finalmente, pasamos a la reeducación muscular, la cual se realiza frente a un espejo para que el paciente aprecie la simetría de los ejercicios de manera asistida sobre puntos específicos de cada músculo, siempre cuidando no fatigar la musculatura.