Signo de Bell: lo que revela sobre la función del nervio facial
Giovana Femat Roldán 28 de julio de 2025 Padecimientos

El Signo de Bell es la elevación anormal del globo ocular hacia arriba y afuera cuando la persona intenta cerrar el ojo y no puede completarlo por debilidad de los músculos palpebrales. En lenguaje simple: al pedirle al paciente que “apriete los ojos”, el párpado del lado afectado no cierra y el ojo se desvía hacia arriba. Este hallazgo aparece con mucha frecuencia en la parálisis facial periférica y orienta a una alteración del séptimo par craneal, es decir, del nervio facial. Detectarlo durante el examen clínico neurológico ayuda a definir si estamos ante una parálisis de Bell (la forma idiopática más común) u otra lesión del nervio facial secundaria a infecciones, traumatismos o tumores.
El nervio facial: qué controla y cómo se expresa su falla
El nervio facial es mixto, pero su función principal es la función motora facial: inerva la musculatura orbicular de los párpados, el frontal, los cigomáticos, el buccinador y el orbicular de los labios, entre otros. Gracias a él fruncimos el ceño, sonreímos y cerramos los ojos con fuerza. También participa en el gusto de los dos tercios anteriores de la lengua y en la lagrimación. Cuando hay daño neurológico a este recorrido, aparecen signos de disfunción nerviosa muy característicos: debilidad facial, cierre incompleto del ojo, lagrimeo, escape de saliva y expresión facial asimétrica al hablar o sonreír. La presencia del Signo de Bell confirma que la musculatura para cerrar el ojo falla.
Cómo explorar el Signo de Bell paso a paso
Durante el diagnóstico neurológico, pide al paciente que cierre los ojos “con toda su fuerza”. Observa si hay movilidad facial reducida del lado sospechoso y si el párpado no consigue cerrarse por completo. Si aparece la región blanca de la esclera moviéndose hacia arriba, el Signo de Bell es positivo. Esta maniobra se acompaña de la valoración del reflejo palpebral (parpadeo ante un toque suave o estímulo luminoso) y de pruebas de simetría: enseñar los dientes, inflar mejillas, fruncir el ceño y silbar. La combinación de afectación unilateral, cierre incompleto del ojo y desviación superior del globo apoya el diagnóstico de neuropatía facial periférica.
Periférico vs central: no todo “rostro caído” es lo mismo
En la parálisis facial periférica (lesión del nervio facial, como en la parálisis de Bell) se afecta toda la hemicara: frente, párpado y boca del mismo lado. Aquí el Signo de Bell suele estar presente. En cambio, en las lesiones centrales (como embolia cerebral) la frente se conserva porque recibe inervación bilateral; lo típico es una caída de la comisura labial sin elevación anormal del globo ocular al intentar cerrar los ojos. Diferenciar estos patrones en el examen clínico neurológico evita confundir una lesión del nervio facial con un evento vascular cerebral que requiere otra ruta diagnóstica y tratamiento urgente.

Causas frecuentes de lesión del nervio facial
- Parálisis de Bell (idiopática): inicio súbito, curso autolimitado en semanas; el Signo de Bell es habitual.
- Infecciones: otitis media, herpes zóster ótico (síndrome de Ramsay Hunt, suele doler y dar vesículas).
- Traumatismo temporal o cirugía de oído.
- Tumores de glándula parótida o ángulo pontocerebeloso.
- Enfermedades inflamatorias (sarcoidosis), diabetes y embarazo.
- Isquemia del tronco encefálico: menos común, pero importante en el diferencial.
La presentación con afectación unilateral y progresión rápida, sobre todo si hay dolor auricular intenso o vesículas, obliga a afinar estudios.
¿Qué significa clínicamente un Signo de Bell positivo?
Sugiere debilidad del orbicular del ojo por falla motora del séptimo par craneal. Traducido a manejo práctico: hay riesgo de exposición corneal porque el párpado no protege la superficie ocular. Por eso, además de buscar la causa, el plan inicial incluye lubricantes, geles espesos nocturnos y, cuando el cierre incompleto del ojo es marcado, parche oclusivo temporal. El objetivo es evitar queratitis por exposición mientras se resuelve la neuropatía facial ya que esto puede complicarse con una úlcera corneal.
Pruebas que pueden solicitarse
En un cuadro típico de parálisis de Bell sin datos de alarma, se manejan medidas conservadoras y control cercano. Si hay dolor intenso, progresión, antecedente de cáncer, traumatismo o compromiso bilateral, se amplía con:
- Resonancia magnética de trayecto facial y ángulo pontocerebeloso.
- Estudios de neuroconducción para estimar el grado de degeneración axonal.
- Serologías según contexto (VZV, Lyme en áreas endémicas).
Estas pruebas ayudan a delimitar pronóstico y necesidad de neurocirugía o derivaciones específicas.
Tratamiento inicial y protección ocular
En la parálisis de Bell, los corticoides orales iniciados en las primeras 72 horas aceleran la recuperación; los antivirales se reservan para sospecha de zóster. La fisioterapia facial guiada por especialista mejora la simetría y previene sincinesias. En lesiones estructurales como un tumor, la neurocirugía puede valorar la descompresión. Todo el tiempo, la protección de la córnea es prioritaria: lágrimas artificiales frecuentes de día y ungüento espeso por la noche.
Señales de alarma que ameritan reevaluación rápida
- Dolor intenso en oído o región mastoidea con erupción vesicular.
- Progresión de la debilidad facial después del tercer día.
- Compromiso de otros pares craneales, hipoacusia, vértigo o paresia de extremidades.
- Historia oncológica o pérdida de peso.
Estos hallazgos sugieren que no se trata de parálisis de Bell, sino de otra lesión del nervio facial que requiere estudios dirigidos.
El Signo de Bell es una pista clínica sencilla y muy útil para reconocer parálisis facial de origen periférico: un ojo que no cierra y se eleva indica falla de la función motora facial y de la musculatura orbicular. Integrarlo con la simetría de la frente, el reflejo palpebral y la distribución de la debilidad permite decidir si es una parálisis de Bell autolimitada o si necesitamos imagen y pruebas neurofisiológicas. Detectar a tiempo estos signos de disfunción nerviosa, proteger la córnea y orientar el diagnóstico neurológico marcan la diferencia en el pronóstico estético y funcional de la cara.
